jueves, 22 de diciembre de 2011

Orgullo

Hace aproximadamente veintiún años y medio mis abuelos me llevaron a la clínica San Fernando, a una habitación lúgubre con dos camas y una tele igual que todas, solo que a la que íbamos nosotros era casa tomada por un bebe recién nacido bajo el signo de virgo.
- Vamos a conocer a tu hermanita- dijo mi abuela.
- Yo no tengo ninguna hermanita- retruque yo con el escaso vocabulario de un año y medio.

Vivíamos bajo el mismo techo así que tarde o temprano teníamos que cruzarnos. Yo era ese tipo de bebes que meten pinzas de depilar en los enchufes o se ponen en pedo tomándose los fondos alcohólicos de los vasos de una cena de personas de cuarenta para arriba con varios hijos en su haber, por ende aburridos ya de cualquier gracia que fuera capaz de realizar. Para mis padres resultaba mas molesto que divertido el tener que andar corriéndome de un lado para el otro, cuando de repente de dieron cuenta que era casi 1992 y la Gótica aun no salia de la sillita alta. Pensaron asustados que algo mal había en ella, ¿como podía ser que todavía no caminara, no hablara, no hiciera ninguna gracia de bebe?. Asi que corrieron al medico que les dijo lo ultimo que esperaban escuchar pese a tu tendencia a pensar la vida en color de lógica: falta de estimulo. Toma.
El chiste de que la Gótica iba a ir directo de la sillita a Balalaika fue rápidamente un lugar común y hoy, veinte años después cuando Padre cae en la melancolía afirma sobre el cavader de cualquiera que aprendió a caminar hace dos meses atrás.
Creció calladita, respetando su metodología de no hacerse notar y hacer lo que quisiese. Pero eso no siempre es posible, menos aun cuando se rondan los tres, cuatro años así que aprendió a defenderse de los retos con una mirada furiosa y palos de escoba a modo de espada (que obviamente, clavaba por atrás).
Domino la casa desde la primera vez que abrió la boca y nunca mas nadie recupero el mando.
Tenia la intrepidez propia de quien la padece y un hollo en la mejilla a los cuales era y sigue siendo imposible resistirse.De repente hasta su cuerpo tomo presencia y se lo hiso saber al mio con moretones y torturas chinas. Eso era todo. Ella mandaba, era la mayor. Cedí el mando sin pelear, porque como todas las peleas con ella, uno se rinde aun cuando tiene razón evitando así la guerra de los mil días.
Crecimos, crecimos y crecimos hasta el punto de que un año de diferencia es una eternidad y el status quo se desquebrajo cuando ya no quise jugar a las Barbies. Quería pintarme y arreglarme yo y salir con mis amigas. Eso era todo, como suele serlo cuando se empieza a ser una señorita.
Lo de ser una señorita se me fue de las manos y un problema atrajo a otro. Cuando me quise dar cuenta estaba hasta las manos de problemas que no podría solucionar en mi vida.
Una pelea feroz con Madre hiso que yo me valla de la casa con un bolso improvisado gritando mierdas a los cuatros vientos, dejando a mi progenitora en un estado lamentable y a mi hermana de trece años con un shock que le costo un duro aprendizaje los años posteriores.
Mi relación con ella iba y venia como con todo el mundo. Sin embargo esas calmas antes de la tormenta eran la gloria y podía encontrar en mi rival similitudes que no compartía con ninguna otra persona en el mundo.
En eso se convirtió: en la persona que conozco desde toda la vida, desde que abrió los ojos yo ya estaba ahí, crecí con ella y creció conmigo. No seria nada alucinante que ella me conozca tan bien como yo a ella. Sabe las cosas que ni yo quiero saber.

Los últimos seis meses, la Gótica se paso corriendo de una punta de Buenos Aires a la otra con la misma carpeta y distintos papeles con una fuerza de voluntad que ni las distancias y los resfrios de cuarenta grados de fiebre no pudieron quebrantar. De repente se hiso el "mes", el mes en el que se iba, el mes en que no estaba para empezar el año, el mes que se iba a un país con un diferente uso horario durante meses.
La ultima semana la nostalgia me agarraba una y otra vez andando en tren o caminando por Olivos haciendo que se me corra el maquillaje con lagrimas inoportunas e imposible de disimular.
Y de repente llego el día en que le avise a todo el que me requiriera que no podía porque mi día se ocupaba totalmente en ir a Ezeiza a despedir a mi hermana.

Llegue con Madre, mi abuelo y su bastón con cuarenta y cinco minutos de anticipación. Me dedique a no hacer nada junto a mi abuelo mientras Madre iba y venia de todos y para todos lados.
Cuando ya no sabia que mas mirar ni que historia nueva inventar veo a Padre entre la muchedumbre.
Había llegado la hora.
Cuando me encuentro con Padre me dice que no aguanta mas a la Gótica, que estaba insoportable. Yo la defendí diciendo que se dejara de joder, que aprovechemos el auge de su mal humor que no íbamos a tener durante meses. El se rió a carcajadas y cruzando los brazos concluye que esa era la actitud que tomaría.
Después caí en la cuenta que mi hermana menor, MI POLLITO, quien ya tiene como la mitad de la carrera hecha se estaba yendo a Yanquilandia hasta que empiece abril. Mi angustia oral se volvió voraz y con la simple explicación de lo que pasaba, a Padre le pareció justo mi derecho de esperar comiendo en Mc Donals hasta reventar.
Minutos después apareció la Gótica con la ansiedad que requería la ocasión y el comentario que me hiso reír durante diez minutos. "Boluda, no aguanto mas a papa!!".  Amo a mi familia. Y por primera vez en este blog no estoy hablando con ironía.

De la nada misma había que declarar una computadora y una cámara de fotos que estaban acomodadas en forma de tetris en la mochila roja de mi hermana. La despedida duro dos minutos con toda la furia. Todas las despedidas terminan siendo torpes y cortas, no importa cuanto duren siempre son cortas.
Nos abrazamos como nunca antes mientras me decía que me cuide, que no me drogara tanto y yo le devolví el halago al vicio diciéndole que entonces deje de tomar como alcohólica. No quería soltarla ni que se fuera lejos.
En cuanto la solté gire la cabeza noventa grados para llorar a mis anchas. La vi irse hasta que no pude verla mas y recorriendo la escena lo encuentro a Padre tapándose los ojos disimulando lo indisimulable igual que yo. "Vamos papa, parecemos dos idiotas". Y nos despedimos de la Gótica, mi hermana menor, la única persona que conozco desde que nació, la única persona en el mundo que siente pinchazos en los pies igual que yo, la única que salta a defenderme con furia, la única que me vio en las situaciones mas bizarras de mi vida.
La lista podría seguir eternamente, todo se resume al final a que mi hermana menor se fue y me muero de todo.


¿Como evitar ser visitante de cursilandia y así y todo enfatizar en lo mucho que te amo?
Vos sabes como, bueno así.

6 comentarios:

  1. Q sensación rara la de dejar ir a alguien...

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  2. "Todas las despedidas terminan siendo torpes y cortas, no importa cuanto duren siempre son cortas." Definitivamente, siempre dejando ese gusto agridulce, que no se lava.

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  3. me quiero fumar uno contigo.
    Sos una tierna en paquete familiar.
    Un abrazo grande!

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  4. Vaya, es precioso. Me ha emocionado. Saludos desde Granada, España.

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  5. Re cuerdo q me contaste eso! Jajaja te recuerdo a vos comoo siempre , te deseo lo mejor para este anioo ro! Una lastima que la tecnologia y la vida t alejoo! Tu loccura siempre me hizo reir.
    Nico

    Shshsh rockstar_infame@hotmail.com

    Mandame un mail! Y escuchamos blindmeelon

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  6. me gusta tu estilo libre de decir las cosas

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